En su columna semanal, el Lic. Luis Gatti analiza la injerencia política sobre la FIFA, los obstáculos migratorios para selecciones como Irán e Irak, y el recordado «FIFAgate» como telón de fondo de la organización del torneo.
Mundial 2026: Política, corrupción y fútbol en el ojo de la tormenta. Más allá del espectáculo deportivo, la Copa del Mundo que se disputa en Estados Unidos, Canadá y México está dejando ver su cara más política. El Licenciado en Politología Luis Gatti, en su columna para Cadena Melodías, desentrañó las razones por las cuales la FIFA permanece en silencio ante las continuas trabas y exigencias impuestas por el país anfitrión, señalando un oscuro capítulo de la historia del organismo como principal factor.
El caso Irán y las restricciones migratorias
El análisis comenzó con el conflicto diplomático entre Irán y Estados Unidos. La nación norteamericana intentó impedir la participación de la selección persa, solicitando a la FIFA que Italia ocupara su lugar. Al no prosperar la moción, el gobierno estadounidense prohibió el hospedaje de la delegación iraní en su territorio, obligándolos a residir en México y viajar únicamente para disputar los encuentros. Esta medida viola directamente el estatuto de la FIFA, que exige un período de aclimatación de 48 horas previas al partido para garantizar la equidad deportiva.
La política migratoria como filtro
El columnista también recordó episodios de rigor migratorio extremo. El árbitro somalí que fue designado como el mejor de África en 2025 no logró ingresar al país a pesar de contar con la visa correspondiente. De igual manera, el capitán de la selección de Irak fue retenido e interrogado durante siete horas en el aeropuerto, mientras que las delegaciones de Senegal y Egipto sufrieron cacheos considerados «excesivos» para el estándar de una comitiva deportiva internacional.
La tarjeta roja, Donald Trump y la FIFA
El punto de mayor controversia se dio con la sanción al goleador de la selección estadounidense, expulsado en el partido contra Bosnia. La intervención del presidente Donald Trump, quien manifestó su descontento en redes sociales y realizó llamadas directas al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, resultó en la anulación de la tarjeta roja. El jugador finalmente disputó el partido contra Bélgica, desatando una ola de críticas sobre la injerencia política en las decisiones arbitrales.
La teoría de la «espada de Damocles» y el FIFAgate
Ante este escenario, Gatti planteó la pregunta clave: ¿Por qué la FIFA permite esta intromisión? La respuesta se remonta a 2015, con el escándalo FIFAgate. El FBI llevó a cabo una investigación que destapó una red de sobornos y corrupción en la cúpula del fútbol mundial, liderada en ese entonces por Joseph Blatter. Dicha investigación involucró la venta de derechos de televisión y, principalmente, la designación de las sedes mundiales (recordando el polémico traspaso del Mundial de 2022 a Catar por encima de Estados Unidos).
La teoría del Licenciado Gatti sostiene que el poder judicial estadounidense mantiene una presión latente sobre la FIFA. El temor a que se reactiven o amplíen esas investigaciones es el motivo principal por el cual el organismo global del fútbol no se planta ante las decisiones arbitrarias del gobierno anfitrión.
El negocio detrás de las pausas de hidratación
Complementando el análisis político, el columnista abordó el polémico sistema de pausas de hidratación obligatorias. Según los especialistas, estas no responden estrictamente a una necesidad climática, sino a una estrategia comercial. Los cortes en el juego permiten la inserción de publicidad de bebidas alcohólicas y casas de apuestas, adaptando la dinámica del fútbol (fluido y continuo) a los estándares del entretenimiento televisivo estadounidense (más pausado y fraccionado), lo que evidencia una vez más la influencia del capital y la política sobre el deporte rey.
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