Laboulaye, 2026 – En la columna política semanal a cargo del Licenciado en Politología Luis Gatti, presentada por Consultora Virtú, se abordó un tema que enciende todas las alarmas en la sociedad argentina: el alarmante nivel de morosidad que afecta a la población y su correlato directo con la crisis de los sectores más jóvenes.
Según las últimas estadísticas, Argentina se posiciona en el primer lugar de América Latina con el 40% de su población en situación de morosidad con más de 90 días de demora en sus pagos. Este fenómeno no es casualidad; responde a la profunda pérdida del poder adquisitivo del salario, agravado por un salario mínimo vital y móvil fijado en 383 mil pesos, un monto que resulta insuficiente para cubrir las necesidades básicas. A esto se suman las tasas de interés abusivas, tanto del sistema bancario tradicional como de las billeteras virtuales, que rondan el 80% anual, muy por encima de la inflación estimada para el año (30%).
El cambio en el perfil del deudor
En años anteriores, el endeudamiento solía estar destinado a la adquisición de bienes durables como electrodomésticos o vehículos. Sin embargo, la dinámica actual ha cambiado drásticamente. Hoy, los argentinos se endeudan para afrontar gastos de consumo cotidiano: alimentos, servicios públicos y alquileres. Esta situación revela un escenario de vulnerabilidad extrema, donde el crédito ya no es una herramienta de crecimiento, sino un paliativo para la supervivencia diaria.
La franja joven: la más golpeada por la crisis
Uno de los puntos más críticos del informe radica en la situación de los jóvenes de entre 18 y 24 años. Este grupo etario presenta un 40% de morosidad, pero los índices asociados son aún más desoladores. El 70% de los jóvenes tiene problemas de inserción laboral, ya sea por trabajar en la informalidad o por desempleo directo. Asimismo, un 20% se encuentra en la situación de «ni-ni» (ni estudia ni trabaja).
El sueño de la independencia se desvanece para este sector: más del 40% de los jóvenes aún reside en el hogar paterno y solo un 10% posee una vivienda propia, de los cuales el 70% la obtuvo por herencia y no por esfuerzo propio. Esta falta de perspectivas se refleja en la intención de emigrar, ya que 7 de cada 10 jóvenes está considerando irse a vivir al extranjero.
El dato más alarmante, que surgió en el marco del Día de la Prevención del Suicidio, es que los accidentes de tránsito dejaron de ser la principal causa de muerte en este rango etario, siendo reemplazados por los suicidios. Del total de suicidios registrados en el país, el 45% corresponde a jóvenes. Ante esta realidad, el especialista hizo un llamado a la reflexión colectiva, instando a todas las instituciones (Estado, escuelas, clubes, familia e iglesias) a redoblar los esfuerzos para contener a las nuevas generaciones y devolverles la posibilidad de construir un proyecto de vida.
“Es necesario que la sociedad recupere la capacidad de generar esperanza y oportunidades para que los jóvenes puedan estudiar, trabajar y desarrollarse en su país”, sentenció Gatti.
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