📻 INFORME ESPECIAL DE LA GRAN CADENA MELODIAS 📻
Amigos, familiares, dirigentes y vecinos se congregaron frente al palacio municipal para rendir el último homenaje al exintendente que marcó la historia de la ciudad. La cobertura completa de La Gran Cadena Melodías.
La ciudad de Laboulaye se vistió de luto y gratitud para despedir los restos de Néstor Antonio «Minino» Garimanno, quien fuera tres veces intendente municipal y una de las figuras políticas más trascendentes de la región. En una cobertura especial, La Gran Cadena Melodías estuvo presente frente al edificio de la Municipalidad, lugar elegido para el homenaje, y recogió los testimonios de quienes compartieron décadas de militancia, amistad y trabajo a su lado.
La jornada, cargada de emoción, mostró a un «Minino» querido por propios y ajenos. No solo los dirigentes de su partido, la Unión Cívica Radical, se hicieron presentes, sino también vecinos de todos los barrios y representantes de diversas instituciones que fueron tocadas por su gestión y su calidad humana.
El amigo y el líder
Quienes estuvieron más cerca de él en los distintos mandatos coincidieron en describir a un hombre de gestión incansable y trato cercano. Roberto Cano, su amigo y estrecho colaborador, no pudo ocultar su emoción: «Es una catarata de recuerdos. No hace falta ni lo voy a descubrir yo quién fue. Fue lo máximo. Se fue como se van los grandes, de a poco, por la puerta grande. Pasó a ser una leyenda», expresó, destacando además las «infindad de patriadas» y anécdotas compartidas.
Por su parte, Martín Erregarena, actual Secretario de Gobierno y presidente del radicalismo local, prefirió quedarse con la persona por sobre el dirigente: «Más allá del dirigente, a mí se me hace un amigo. Creo que deja un personaje extraordinario en la ciudad. Alguien que lo ha dado todo en muchos estamentos: la Liga de Fútbol, el Centro Español, la clínica, el hospital. Un tipo que hizo política y terminó vendiendo leña, que abandonó su estudio de bioquímica por el servicio al otro», recordó.
La pasión por Laboulaye
El legado de Garimanno también fue analizado por quienes compartieron la gestión legislativa. Rolando González, exconcejal y amigo personal, reveló la faceta más íntima de su vínculo con la ciudad: «Él vivía para Laboulaye. Su pasión era la municipalidad. Iba caminando y te decía ‘esa luminaria hace dos semanas que está rota’. Podría haber sido vicegobernador o senador, pero nunca quiso. Él decía que era únicamente intendente de Laboulaye, y lo fue hasta el último día».
Su capacidad de conectar con todos los sectores fue una constante. El dirigente Juan «Negro» Roera destacó la transversalidad de su figura: «Nos ha enseñado a caminar las calles, a tratar a la gente. La política no es solo estar en un escritorio. Y hoy lo despiden propios y ajenos, eso habla de su importancia».
«El Comandante» de los Veteranos
Uno de los vínculos más fuertes y reconocidos de Garimanno fue con los excombatientes de Malvinas. Claudio Lucero, veterano de guerra, lo definió con un título honorífico: «Nosotros siempre le decíamos ‘el comandante’, porque él fue el que nos visibilizó. Fue el que hizo que la sociedad de Laboulaye reconociera a los veteranos. Nos dio el terreno para nuestra casa, nos acompañó a Malvinas y después de su función pública, seguimos siendo amigos. Acogió a nuestros hijos. Es una pérdida irreparable». Lucero recordó que hace 16 años, en la misma fecha, estaban juntos en las Islas Malvinas.
Un lugar en la historia
El historiador Mario Bruno, quien además tuvo a Garimanno como profesor en el Colegio Nacional, puso en contexto la dimensión de la pérdida: «Sin lugar a dudas, a partir de este momento Néstor Minino Garimanno ya es parte de la historia grande de Laboulaye. Está dentro de esa galería de grandes personajes que han marcado un momento en la historia local y regional. Como docente, como dirigente y como persona, su legado es imborrable».
Tras el emotivo homenaje frente al edificio municipal, donde se congregaron cientos de personas, los restos de Néstor Antonio Garimanno fueron trasladados en cortejo fúnebre hacia el cementerio local, cerrando un capítulo fundamental de la vida política y social de Laboulaye, pero abriendo para siempre un lugar en la memoria de su gente.
