En un hecho que calificó de «persecución política» y una vulneración a la privacidad, el concejal de Laboulaye Matías Trobatto reveló que inició acciones formales ante los órganos de ética de la Unión Cívica Radical (UCR), luego de que un dirigente de ese partido le enviara fotos de una de sus propiedades privadas. El edil insiste en que busca sentar un precedente sobre los límites del disenso político y apelar a la autorregulación partidaria, evitando una denuncia penal.
Los Hechos: Mensajes, Fotos y una «Advertencia»
Según relató Trobatto en entrevista con Cadena Melodías, el 31 de diciembre recibió mensajes de Juan Roera, vicepresidente Juan Roera(y en funciones de presidente) del Comité de la UCR Laboulaye. Los textos, de tono «chistoso» pero que el concejal interpretó como «cuasi coercitivos», hacían referencia a «impactos altos» y «multas», y estaban acompañados de tres fotografías de una casa de su propiedad, actualmente deshabitada.
«¿Qué persona tiene derecho a tener fotos de la casa del que políticamente piensa diferente?», cuestionó el concejal. Advirtió, con preocupación, que las imágenes parecían haber sido tomadas desde un vehículo y que, según la conversación, habrían sido capturadas por un funcionario de la municipalidad, lo que agravaría el hecho al involucrar a un empleado público.
La Respuesta: Exposición y Cartas al Tribunal de Ética Radical
Frente a esto, Trobatto optó por una estrategia que priorizara la institucionalidad partidaria por sobre la vía penal:
- Exposición Policial (12 de enero): Realizó una exposición en la comisaría para dejar constancia formal del hecho y sentar un precedente, sin avanzar a una denuncia.
- Cartas Documento: Envió dos cartas documento: una al presidente del Comité UCR Laboulaye, Dr. Martín Erregarena, y otra al Tribunal de Conducta (o Ética) de la UCR de la Provincia de Córdoba.
«Creo que acá los que tienen que tomar cartas en el asunto sería el propio comité de ética del partido radical», argumentó Trobatto, señalando que una denuncia judicial implicaría «destinar recursos públicos de la provincia para este tipo de cosas», algo que consideró innecesario si el partido actúa.
Un Reclamo por los Límites del Juego Político
Más allá del caso específico, el concejal hizo hincapié en el mensaje de fondo. Aseguró no tener una querella personal con Roera (con quien incluso tomó mates después del hecho), pero insistió en la necesidad de «marcar un límite en la cancha». «Hay que ponerle un límite a la política, y el límite es el respeto», declaró. «Al que piensa diferente, le tengo que ganar en las urnas, y si le gané en las urnas, ahora le tengo que ganar con la gestión municipal».
Vinculó la situación a un posible intento de coaccionar su libertad de expresión como edil opositor, aunque descartó que sea una represalia directa por debates específicos en el Concejo, como el caso de un boliche céntrico. «Si esto de ir a sacarle foto a la casa del que no piensa igual… nos vamos a tener que relacionar de esta forma, la verdad que no es lo que uno esperaba», concluyó.
El caso expuesto por Matías Trobatto trasciende un mero conflicto interpersonal y plantea interrogantes sobre las reglas no escritas de la competencia política local. Al recurrir a los mecanismos de ética internos del radicalismo, el concejal pone a prueba la capacidad de autorregulación de los partidos y envía un mensaje claro sobre hasta dónde deben llegar las diferencias ideológicas y tácticas en una democracia. La respuesta (o falta de ella) de la UCR será el próximo capítulo de este conflicto que busca, según su denunciante, fijar una barrera entre la disputa política legítima y la invasión a la esfera privada.
